Un día me tumbé en mi cama, como cada noche, pero en aquel instante noté que estaba debajo de mi. Le oí respirar, cómo se movía, y su manera de quejarse... así estuve varios días, que se convirtieron en semanas, me adapté a él. Se convirtieron en meses, ya no me daba miedo. Se conviertieron en años... era mi monstruo.
Todos tenemos un monstruo dentro de nosotros.
lunes, 8 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
